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Sin Big Data, las ciudades se dirigen al agotamiento

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La transición urbana es ahora una realidad global: De acuerdo con la ONU, dos de cada tres personas vivirán en una ciudad en el año 2030, comparado con el 54% actual y el 30% en 1950. En algunos países, la tasa de urbanización podría alcanzar incluso ¡el 80%!

En el año 2000, había 213 ciudades con más de un millón de habitantes y 23 metrópolis con más de 10 millones de habitantes. 2,5 mil millones de personas más se unirán pronto al grupo de personas que viven en las ciudades, lo que conllevará importantes consecuencias para el transporte, la vivienda, la salud, el trabajo, la seguridad, etc. A pesar de que, actualmente, sólo ocupan el 2% del planeta, las ciudades ya albergan a la mitad de la población del mundo, consumen el 75% de la energía producida y generan el 80% de las emisiones globales de CO2.

Aunque gradual, la transición urbana está sufriendo una aceleración en el tiempo. En combinación con otros fenómenos (el anunciado fin de combustibles fósiles, la escasez de los recursos hídricos, cambio climático, etc.), esto tiene un impacto muy significativo en la calidad de vida de los ciudadanos. Por ejemplo, el aumento constante de la flota de automóviles (asociado con el aumento de la población y el aumento del PIB) está saturando las carreteras, sobre todo en las ciudades. Un estudio de 2014 muestra que el coste total de los atascos de tráfico alcanzará los 350 millones de euros a nivel mundial en el período 2013-2030. Este fenómeno también contribuirá al aumento de las emisiones de CO2 en un 13% en Francia y un 24% en el Reino Unido.

 

La calidad de vida de los ciudadanos ‘urbanos’ está en peligro.

 

Según el Medidor INRIX del Tráfico publicado en 2015 se revela que España sigue siendo el undécimo país más congestionado de Europa y sus conductores pierden hasta 17 horas de media en atascos al año, subiendo esta cifra hasta 22 en Madrid o 24 en Barcelona. Esto conlleva una grave pérdida económica si se tiene en cuenta la de productividad entre los trabajadores atrapados en los atascos; el aumento de precio de bienes y servicios, por el aumento del coste del transporte por los embotellamientos, y el valor monetario equivalente a los malos humos expulsados por esos tubos de escape.

En este contexto, esforzándose por hacer que las ciudades sean más inteligentes y sostenibles, la preparación para el futuro no sólo requiere disminuir el impacto ambiental de las actividades humanas, sino también la redefinición, entre otras cosas, de las condiciones de los recursos con el acceso, la gestión de residuos, el transporte, el aislamiento de edificios y la gestión de la energía (desde su producción hasta la entrega para su consumo). El éxito de este tipo de trayectoria se basa, pues, en los aciertos de las decisiones tomadas por las propias ciudades. La conciencia y la participación son capitales cuando se trata de mejorar la calidad de vida de sus habitantes y de evitar que la vida urbana se convierta en una verdadera pesadilla.

 

Las Smart Cities serán el auténtico El Dorado de Big Data (Atelier BNP Paribas)

 

 

Detectar tendencias y anticipar el futuro 

Si el Big Data contribuye a revolucionar los métodos comerciales de las empresas, sobre todo con un alto potencial para la transformación del turismo y la distribución, el estudio Atelier BNP Paribas revela que las “Smart Cities serán el auténtico El Dorado de Big Data”. El concepto de una Smart City o ciudad inteligente –“una ciudad que utiliza las tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la calidad de los servicios urbanos y reducir los costes”, según Wikipedia - es un proyecto base enfocado en optimizar el transporte, la distribución de la energía y los servicios proporcionados a los residentes, mediante la instalación de sensores en los estacionamientos, estaciones de transporte público, contenedores de basura, sistema de iluminación urbana, etc., con el fin de recopilar datos que ayuden a las ciudades en su toma de decisiones.

 Las tecnologías digitales en el corazón de la Smart City no son un fin en sí mismas, pero ofrecen un importante potencial para la transformación. La creciente popularidad del concepto Smart Cities, así como la variedad de proyectos ejecutados expresan una nueva forma de pensar acerca de las ciudades y su futuro, posible gracias a las tecnologías digitales. Frente a los nuevos riesgos provocados por la transición urbana, la obtención en tiempo real y el análisis de grandes volúmenes de datos generados por los sensores de forma continua -operadas por los servicios municipales, servicios urbanos, empresas e incluso por los propios ciudadanos - se ha convertido en esencial. En efecto, más allá de los aspectos tecnológicos, la Smart City también se basa en una visión de colaboración y participación.

 

Dos ejemplos notables 

Las ciudades de Masdar en Abu Dhabi y Songdo en Corea del Sur son los principales ejemplos de ciudades conectadas donde, utilizando un sistema de optimización de energía local, se materializan las promesas de una emisión cero, el modelo de basura cero. Todos los datos de los sensores, distribuidos por toda la ciudad, se analizan en tiempo real para optimizar varios aspectos de la vida de sus habitantes.

Debido a la variedad de tipos y fuentes de datos, la multiplicidad de los actores (con los ciudadanos, en primer lugar) y la naturaleza casi ilimitada de los volúmenes de datos disponibles, la ciudad en sí debe implementar y pilotar una estrategia de Big Data para convertirse, de forma sostenible en una ciudad inteligente. En última instancia, los grandes datos contribuyen no sólo a una mejor comprensión de cómo funcionan las ciudades y cómo se comportan sus habitantes, sino también a la eliminación de las barreras entre los diferentes agentes y operadores, y la creación de nuevos servicios que se adapten mejor a los nuevos usos.

 

Es urgente que los datos estén disponibles para el beneficio de los ciudadanos

 

Frente a las consecuencias potencialmente problemáticos de la transición urbana, necesitamos con urgencia que los datos estén disponibles para el beneficio de los ciudadanos. El Internet de las Cosas (IoT) y los sensores de datos podrían evitar una catástrofe previsible y premonitoria. Por lo tanto, la cuestión de la gobernabilidad de datos se convierte en un tema central para los municipios en busca de la renovación urbana.

Por Alvaro Palencia, Account Executive de Talend para España y Portugal