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Smart Cities: la transformación digital de las ciudades

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El siglo XXI es el siglo de las ciudades. Con más de la mitad de la población mundial viviendo en ellas, se han afianzado como centros de influencia económica y social. En paralelo, el estallido de la revolución digital está creando una sociedad hiperconectada y colaborativa que transforma de forma decisiva las relaciones entre los ciudadanos. En la confluencia de ambas tendencias globales aparecen las smart cities o ciudades inte-ligentes.

Pero, ¿qué es una smart city? Para la realización de este estudio, hemos entrevistado en profundidad a cerca de cuarenta profesionales relacionados con la realidad de la ciudad (políticos, técnicos municipales, directivos de empresa, profesores universitarios, etc.). También hemos encuestado a más de mil doscientos ciudadanos españoles. Aun siendo difícil llegar a un consenso sobre todo lo que engloba una smart city, de la información obtenida se puede extraer un concepto ampliamente compartido: ciudad inteligente es aquella que utiliza la tecnología para prestar de forma más eficiente los servicios urbanos y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Otro concepto que subyace del concepto smart city es el hecho de que el ciu¬dadano está cambiando su forma de vivir en la ciudad y está obteniendo una experiencia más gratificante con la interacción de los diferentes servicios urbanos.

En la actualidad, es difícil encontrar una ciudad española que no esté abordando iniciativas smart. Ciudades como Santander, Barcelona, Málaga, Rivas Vaciamadrid, Valencia o Madrid han desarrollado experiencias pioneras de transformación urbana que pueden considerarse exitosas y que son reconocidas como referentes a nivel global. Como consecuencia de ello, España está en la vanguardia internacional de las ciudades inteligentes.

Sin embargo, los proyectos de smart city necesitan ir más allá de las experiencias actuales y convertirse en realidades con impacto en la gestión municipal y la vida del ciudadano. La incorporación de tecnología en los distintos servicios municipales (denominados ‘verticales’) tiene todavía recorrido, pero en general hay que dar el salto hacia una visión horizontal en la gestión que facilite las sinergias entre servicios y la participación de todos los actores de la ciudad conformando lo que se denomina el ecosistema. Este el gran desafío al que se enfrentan nuestras ciudades y superarlo es el paso previo a convertirse en ciudades conectadas y, finalmente, inteligentes.

De hecho, para el ciudadano español, el concepto de smart city, aunque conocido, está lejos de poder ser considerado una realidad de impacto. Lo relacionan con la aplicación de la tecnología para mejorar su calidad de vida y la de los servicios públicos, pero sólo una quinta parte de los encuestados creen que su ciudad es inteligente o muy inteligente.
Los ciudadanos consideran que es la Administración, principalmente la local, la que debe liderar esta transformación. Sin embargo, también piensan que los propios ciudadanos y las empresas (sobre todo las de sectores como los de telecomunicaciones, energía o tecnología) deben tener un papel significativo en el proceso.

En el futuro, los planes de las ciudades deberán centrarse en atender las prioridades de los ciudadanos. Según los resultados de la encuesta realizada, los ámbitos de sanidad y salud, medioambiente y educación son los más relevantes para los ciudadanos. La seguridad ocupa una posición intermedia. En su escala de intereses, los aspectos menos valorados son la economía local, la movilidad y el tráfico y, en último lugar, el gobierno municipal, que es además el ámbito que más recorrido tiene en términos de mejora de la satisfacción.


La hoja de ruta

Si bien los planes de evolución de cada ciudad diferirán en función de su situación de partida y las demandas de sus ciudadanos, los expertos destacan cuatro fases comunes en la hoja de ruta, que no tiene por qué seguir un orden secuencial, hacia una smart city:

  • Vertical, en la que se dota a los servicios urbanos de tecnología para mejorar su gestión. Cada uno de los ámbitos de gestión del Ayuntamiento impulsa estos cambios, frecuentemente de la mano de las empresas de servicios urbanos correspondientes. Esta fase presenta una amplia implantación en nuestras ciudades, y a pesar de que todavía tiene recorrido, es la que en general nuestras ciudades deben superar.
  • Horizontal, en la que se desarrolla una plataforma de gestión trasversal que conecta a los diferentes servicios. Algunas de las ciudades españolas más avanzadas se encuentran desarrollando este estadio.
  • Conectada, donde las ciudades comienzan a compartir infor¬mación y a interoperar los diferentes verticales a través de la plataforma de gestión.
  • Inteligente, donde se logra gestionar de forma avanzada, predictiva y en tiempo real la ciudad y ofrecer información y servicios de alto valor añadido a los ciudadanos y empresas, creando un ecosistema de innovación.

Dar el salto necesario requiere que las ciudades superen diferentes barreras en función del momento y de las circunstancias particulares de cada una de ellas (nivel de avance, tipo de proyectos que se abordan, etc.).

Decalogo

Las áreas de trabajo 

Los expertos coinciden en identificar seis áreas de trabajo comunes para pasar de la estrategia a la ejecución.

  1. Ejercer un liderazgo claro y disponer de una organización con capacidad de ejecución y visión transversal. El alcalde debe asumir el pleno liderazgo del proceso. Él es quien tiene capacidad de marcar la agenda y asignar los recursos, y es también el responsable de impulsar una organización transversal que implemente y facilite las sinergias entre los servicios.
  2. Tener una visión compartida de ciudad y un plan de acción a largo plazo. La ciudad es un ecosistema complejo, en el que intervienen múltiples agentes, y no se puede transformar en un único mandato municipal. Es preciso manejar horizontes temporales más amplios que obligan abuscar consensos, incluso fórmulas de colaboración entre ayuntamientos, que permitan afrontar retos difícilmente salvables en el corto plazo. La participación y la colaboración del ciudadano es imprescindible.
  3. Avanzar en un nuevo modelo de relación entre la Administración y las empresas. Las ciudades tienen la capacidad de convertirse en “laboratorios vivos” generadores de soluciones que pueden ser exportables
  4. Incorporar una solución tecnológica abierta. La opción elegida ha de ser estándar, horizontal, interoperable y escalable. El objetivo es integrar el conjunto de sistemas sectoriales en una plataforma de gestión de la ciudad que provea inteligencia y movilice a ciudadanos y empresas, sentando la base para la creación de un ecosistema innovador.
  5. Impulsar los modelos de financiación con participación privada. La colaboración de la empresa privada permite un avance más rápido en la transformación de los servicios y aporta capacidades y conocimientos específicos que los Ayuntamientos no poseen.
  6. Desarrollar modelos de negocio sostenibles y con retorno para todos los agentes involucrados. La captura de los beneficios de una smart city requiere que los diferentes servicios que la conforman se mantengan en el tiempo. Las plataformas de smart city generan información valiosa que permite evolucionar los modelos de negocio más tradicionales en una doble dirección:
    • La mejora de la gestión de la ciudad, avanzando hacia servicios gestionados en base al uso o a indicadores de calidad o ahorro que permiten una mayor eficiencia y la recuperación de las inversiones.
    • La puesta a disposición de terceros de la información (Open Data), abriendo nuevos modelos más basados en la economía participativa y el emprendimiento. Es la economía de los datos (Economy of Data).

 

Conclusiones

En definitiva, cada ciudad debe definir su propia visión y ritmo de transformación hacia una gestión inteligente. Sin embargo, para lograr un avance efectivo es imprescindible, además del liderazgo de los propios ayuntamientos, la implicación del resto de niveles de la Administración, de las empresas, de las universidades y, por supuesto, de los ciudadanos, lo que permite generar un ecosistema de ciudad involucrado en la confección de la Smart City. 


Los mensajes clave

Tendencias y perspectivas

  • Las ciudades ya están incorporando tecnología a la prestación de los servicios urbanos.
  • Las más avanzadas plantean lograr mejoras en la gestión integrando en una plataforma tecnológica común los diferentes servicios municipales y la información de ciudadanos y del internet de las cosas (IoT).
  • La puesta a disposición de ciudadanos y empresas de la información (Open Data) contribuye a crear un ecosistema innovador para la mejora y creación de servicios.
  • Un mínimo de escala es necesario por lo que algunas ciudades se agrupan en territorios de mayor entidad para abordar estas inversiones.

El contexto en España

  • El mapa municipal español presenta una elevada fragmentación, y está marcado por el potente impacto del turismo y reciente desarrollo urbanístico.
  • España se encuentra en una posición avanzada en términos de incorporación de tecnología, y ha realizado un gran esfuerzo en la digitalización de la Administración Pública.

Smart Spain

  • Algunas ciudades españolas han sido reconocidas y premiadas por mejores prácticas en proyectos de smart city, situando a España en la vanguardia.
  • El liderazgo político y el apoyo institucional, junto con un ecosistema empresarial que gestiona servicios a escala global, han sido clave en el desarrollo inicial.

La percepción del ciudadano

  • El concepto de Smart City es conocido para los ciudadanos pero está lejos de considerarse una realidad de impacto.
  • Los ciudadanos asocian el concepto con la tecnología, al servicio de la mejora de la calidad de vida y de los servicios públicos.
  • Las Administraciones, principalmente la local, son quienes, según la ciudadanía, deben liderar el esfuerzo, con la participación de ciudadanos y empresas.

El ciudadano inteligente

  • Los ciudadanos confían en que la Smart City mejore la calidad de los servicios públicos en áreas como la sanidad y salud o el medio ambiente, que consideran de gran importancia, e incluso en otras como el gobierno (atención y comunicación con el ciudadano) o la educación, respecto a las que manifiestan una mayor insatisfacción.
  • Los ciudadanos muestran incluso disposición a pagar por determinados servicios, especialmente en el ámbito de la sanidad y salud.