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Sat, Nov

El fallo del Pritzker reconoce su “compromiso inflexible con el lugar”

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Esta es la segunda ocasión en que el ‘Nobel’ de Arquitectura viene a nuestro país, después de que Rafael Moneo lo ganase en 1996.

El considerado como oficioso Premio Nobel de Arquitectura, el prestigioso Premio Pritzker, ha sido para un pequeño estudio de arquitectura de Olot (Gerona), RCR Arquitectes. Sus tres fundadores, Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, han sido elegidos por delante de ‘gigantes’ de la arquitectura como Daniel Libeskind, Bjarke Ingels o el estudio holandés MVRDV.

Aranda, Pigem y Vilalta completaron sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallés (Sant Cugat del Vallés, Barcelona) en 1986. Al año siguiente fundaron su estudio y en 1988 ya ganaron su primer premio en un concurso patrocinado por el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo con el diseño de un faro en Punta Aldea. Su estilo se caracteriza por el minimalismo y una mirada a la belleza de lo natural.

 

Esta es la segunda ocasión en que el ‘Nobel’ de Arquitectura viene a nuestro país, después de que Rafael Moneo lo ganase en 1996.

El fallo del Pritzker reconoce su “compromiso inflexible con el lugar” y su búsqueda de “conexiones entre el exterior y el interior, lo que da como resultado una arquitectura emocional y experiencial”. “En un mundo globalizado en el que debemos confiar en las influencias internacionales (...) estamos perdiendo nuestros valores, nuestro arte y costumbres locales. RCR Arquitectes nos demuestran que es posible combinar ambas perspectivas”, añade el jurado.

Aunque RCR Arquitectes ya desarrolla un 75% de sus obras en el extranjero, la mayor parte de su obra se encuentra en Cataluña, sobre todo en la provincia de Gerona. Entre sus trabajos más destacados, el Estadio de Atletismo y Pabellón 2x1 y el restaurante ‘Les Cols’, en Olot; ‘La Vila’ de Trinchería, en Vall de Bianya; la escuela infantil ‘Els Colors’, en Manlleu; o el ‘Parque de Piedra Tosca’, en Les Preses.

Arquitecturas profundamente sutiles, como un silencio. El que se siente en las bodegas Bell-lloc (Palamós), “una promenade al mundo subterráneo del vino desde un camino que resigue el bosque y enlaza edificaciones”, describen los arquitectos, que vaciaron el terreno para dejar entrar el paisaje. “Para nosotros buscar la esencia de las cosas tiene que ver con el cielo, el paisaje, las piedras y, sobre todo, con el tiempo. Por la mañana la luz es muy diferente a la del atardecer. Y luego están las estaciones: primavera, invierno. La arquitectura no puede ser un elemento ajeno”.